Cuentos

Don Eusebio y la lección del caballo Un hombre caminaba por la calle de tierra que conducía a su casa. Avanzaba apresurado, agotado después de una jornada extensa de trabajo. El sol comenzaba a retirarse dejando a su paso una dosis de alivio en quienes lo padecieron a cielo abierto. Don Eusebio, pese a sus […]

El corazón no olvida

El corazón no olvida Si hubiera sido por él, habría ordenado que todos los días fueran de visitas. Nunca entendió que alguien pudiera imponerle cuándo visitar a su esposa.«Sería como limitar las veces que uno pueda decir te quiero», pensaba.Sin embargo, don Lisandro siempre estaba allí; puntualmente, como todos los martes, jueves y domingos.Religiosamente se

Mamihlapinatapai

Mamihlapinatapai Mamihlapinatapai, le dijo Nahuel al oído antes de desaparecer con una sonrisa pícara por el pasillo de la facultad.¿Qué significa?, gritó Gabriela casi sin tiempo a reaccionar.Aquellas miradas y sonrisas cómplices, traducidas en estrategias seductoras, se materializaron en un romance que comenzó en el tercer año de Universidad y derivó en matrimonio años más

Se escribe resiliencia se pronuncia mamá

Se escribe resiliencia; se pronuncia mamá. “Compro la leche y vuelvo”, fue la última frase que escuchó de labios de su esposo que, sin mirarla, se alejó por el portón de la pensión.Allí quedó Patricia, en esa pequeña sala comedor, de dos por dos, al lado de la oscura habitación, más reducida aún, donde dormían

Tekuani

Tekuani. En Pata Ancha, pueblo de labriegos incansables, vivía un hombre conocido por su rudeza. Su fama había atravesado fronteras y los lugareños aseguraban que solo, y con una mano, era  capaz de manejar una yunta de bueyes. Tekuani lo había apodado el padre, por su espíritu salvaje e indómito; trabajaba de sol a sol

Navidad para ellas

Navidad para ellas. El hombre abonó el boleto y comenzó a buscar espacio con un “permiso, permiso” hacia esa meta preciada que es la puerta trasera del colectivo. Mientras avanzaba no terminaba de comprender cómo ese adolescente con aritos y auriculares en las orejas no era capaz de darle el asiento a una mujer que

El amor no se olvida

El amor no se olvida. Los años pasaron y con el tiempo llegaron los nietos. Doña Irma era una abuela dedicada. Ya jubilada, vivía solo para aquellos tres niños que daban felicidad y sentido a su vida. Pero Leticia comenzó a notar que algo no andaba bien, que su amiga de ‘toda la vida’ comenzaba